Escena II

Slorm salio pronto del monasterio, todo iba tranquilo el camino serpenteaba por las montañas y a ambos lados se extendían zonas boscosas con árboles que en su mayoría habían perdido las hojas.
 De repente un gruñido llamó la atención de Slorm, un gran lobo negro se acercaba por uno de los lados del sendero, su actitud poco amistosa, no indicaba que tuviera interés en atacar, pero sí que estaba hambriento, y quizá desesperado... slorm detuvo el caballo, y evitando un enfrentamiento directo con el Lobo, trató de encabritar su montura para asustarlo; ésta, asustada por el aspecto amenazante del lobo, se levantó demasiado dejando caer a Slorm al suelo, que revolviéndose rápidamente, empuñó su maza y se dispuso a enfrentarse con la bestia.

 Más dolido por la pérdida de la montura que por el golpe, buscó una roca a la que subirse, pues el lobo, le rondaba pero parecía inseguro de saltar sobre el sacerdote.

 Con un movimiento vacilante, y mientras gritaba para espantar al lobo, Slorm se suió a una gran roca que estaba junto al camino y desde allí lanzó pequeños guijarros al lobo, mientras maldiciendo veía alejarse su montura con las provisiones y gran parte de su dinero.... El lobo no parecía dispuesto a atacar, pero tampoco parecía asustado.

  La situación era tensa, Slorm comenzaba a cansarse de gritar y se había quedado sin guijarros, y el lobo no hacía otra cosa que gruñir y rodear la roca, no encontraba por donde subir y sorprender al hombre. De repente, doblando una curva apareció una cuidada carroza, tirada por dos caballos, el lobo al escuchar el ruido de los cascos, miró desafiante, y decidió huir y esconderse en la espesura del bosque. Slorm por su parte, recuperando el resuello, trató de distinguir a quién podría pertenecer aquel vehículo. 
El carruaje se detiene a su lado, el conductor sin cambiar el gesto, iba embutido en un azulado capote que le tapaba la cara, de dentro surgió un voz conocida por el monje, que le dijo:
 - Slorm... ¿vas a estar ahí toda la mañana?
 Slorm sorprendido trata de vislumbrar entre las sombras del carruaje a quién pertenece esa voz conocida, mientras, de un salto baja de la roca y entra en el carruaje.

 Ya dentro, ve que el interlocutor es ¡¡Julius!! Slorm sorprendido, le dice

 - ¡Hombre Julius! , ¡Qué bien te veo!. 

 Julius el "tonto" del monasterio siempre le había dado un poco de pena a Slorm, pero su afinidad religiosa por Sachemet, había hecho que en más de una ocasión le hubiera salvado el pellejo ante Rosemary.

 - Pasa, pasa maese Slorm, tenemos mucho de lo que hablar - dijo Julius, mientras comenzaba a jugar con una bolsa de cuero que rezuma un extraño olor - ¡cochero, vámonos!

 Mientras Slorm se acomoda en la carroza, mira a Julius y piensa que hay algo distinto en él, ese aspecto de tontorrón a cambiado, y que ahora tiene una mirada desafiante, casi sarcástica, y aquella carroza... tiene un aspecto demasiado cuidado como para pertenecer a un loco... mientras, nota como con el vaivén del vehículo le está entrando un sueño horrible, pero incentivado por descubrir qué está pasando, y qué tiene Julius que contarle, hace un esfuerzo títánico e incorporándose, abre un ventanuco y dice a su acompñante

 - Vaya, parece que el aire se ha enrarecido aquí un poco, permitidme abrir este ventanuco para disfrutar de la brisa del bosque.

 Juluis parece contrariado, guarda la bolsa en una caja en el suelo, y resuelto dice a Slorm, vaya parece que el momento de hablar ha llegado.....
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