Interludio 1

Interludio - Descanso en el pueblo de Drebkau

Tras el incidente del bosque decidió que debía tratar de dormir en zonas habitadas, para evitar en la medida de lo posible otros encuentros desagradables.... por ello, y con la intención de curar las heridas de la batalla se dirigió al pueblo de Drebkau, allí pasó algunos días curando sus heridas y trabajando en pequeñas que fueron saliendo mientras buscaba alguna excusa para vovler a viajar por el Viejo Mundo, y como era de suponer, todo llega en esta vida.....

Aquella mañana se encontraba en la plaza del pueblo charlando con los guardias del ayuntamiento cuando de repente llegó corriendo el molinero pidiendo audiencia con el alcalde, estaba realmente nervioso, el rostro
desencajado, las piernas le temblaban y era como si con cada palabra que emitía fuera a caer desmayado. Le ayudamos a entrar mientras Adelbert, subía para hablar con el alcalde.

Tras varios minutos de espera en los que el molinero pudo beber agua y sentarse a descansar en la salita del ayuntamiento,
Adelbert le llamó desde la oficina del alcalde para que pasara.

El gordo molinero llamado Mehl Muller, comenzó entre sollozos su historia, Althan desde fuera atisbaba a través de la rejilla de la puerta mientras Degen uno de los guardias le cubría para que luego le contara todo. Parecía ser que dos noches antes, cuando ya se disponían a irse a dormir, dos criaturas horrendas habían asaltado la casa y se habían llevado a su hija pequeña Dorothy; el asustado molinero en un primer momento horrorizado por el aspecto de las criaturas, había salido en su busca y había llegado hasta un viejo templo, había golpeado las puertas pero desde dentro sólo había conseguido escuchar el llanto silenciado por los gruñidos de los secuestradores, luego la puerta se había abierto y atemorizado había huído hasta el pueblo para pedir ayuda.

El alcalde le respondió que quizá podría organizar una partida de caza pero que la mayoría de las tropas regulares deberían quedarse en la ciudad ante la inminente llegada del Burgomaestre.
Adelbert aprovechó la ocasión para ofrecer al alcalde los servicios de Althan al alcalde, quién tras pensarlo unos segundos y motivado por la mirada desesperada de Mehl accedió, no sin antes asegurar que no recibiría ninguna recompensa sino volvía con la niña.

¡Althan tenía trabajo!

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